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Vídeos de la aventura de aprender

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Son vídeos de “La Aventura de Aprender” y cada uno quiere contribuir a poner en valor la importancia que tienen en la vida las experiencias de aprendizaje ciudadano. Es un archivo de varias comunidades de aprendizaje, entendidas como grupos capaces de dar forma a un anhelo compartido de manera colectiva. Mostrar gente no basta, aunque estén en un taller. Hay que indagar el por qué no lo hacen solos, hay que buscar en la complejidad de cada proyecto para entender cuáles son las razones por las que sólo se puede hacer colaborativamente.

Son vídeos sobre el entorno urbano, el entorno corporal, el entorno natural, el entorno digital, procesos de investigación, de intervención, de aprendizaje y de cuidados.

“La Aventura de Aprender” es un espacio de encuentro e intercambio en torno a los aprendizajes para descubrir qué prácticas, atmósferas, espacios y agentes hacen funcionar las comunidades; sus porqués y sus cómos o en otras palabras, sus anhelos y protocolos.

Este proyecto parte de unos presupuestos mínimos y fáciles de formular. El primero tiene que ver con la convicción de que el conocimiento es una empresa colaborativa, colectiva, social y abierta. El segundo abraza la idea de que hay mucho conocimiento que no surge intramuros de la academia o de cualquiera de las instituciones canónicas especializadas en su producción y difusión. Y por último, el tercero milita a favor de que el conocimiento es una actividad más de hacer que de pensar y menos argumentativa que experimental.

El mundo de la educación está desplazando su centro de gravedad desde la enseñanza a los aprendizajes y, en consecuencia, desde los contenidos a las prácticas, desde los manuales de curso a los cuadernos de campo y desde la cultura del examen a la cultura peer-to-peer. Antes de que el conocimiento se convierta en algo contrastado y público, antes de que llegue a los manuales o a las aulas, antes incluso de que su presentación se optimice y su empaquetamiento se normalice, la aventura de atreverse a formular preguntas sin respuesta, o cuya respuesta es más compleja de lo que esperábamos, implica un proceso de aprendizaje que obliga a conversar con otros maestros, descubrir nuevos conceptos, distintas prácticas, diferentes manuales y ensayar otros espacios, atmósferas y relacionalidades.

Sin aprendizaje no hay aventura, ya que las tareas de aprender y producir son cada vez más inseparables de las prácticas asociadas al compartir, colaborar y cooperar.